Mi callejón 1967 , Lagos (Nigeria-Africa)
Estoy leyendo Ebano de Ryszard Kapuszinski, el escritor nos cuenta como es el barrio donde vive en Lagos (Nigeria). Aquí teneis unos trozos :
MI CALLEJON 1967 (Pag. 106):
Al vivir entre la miseria de mi barrio comprendí que el robo, hasta un pequeño hurto, podia significar una condena a muerte. Vi el robo como un homicidio, un asesinato. En mi callejón vivia una mujer sola cuya única propiedad era una olla. Se ganaba la vida comprando a crédito judías de las vendedoras, las hervía, las aliñaba con una salsa y las vendia a la gente. Para muchos un cuenco de judías constituía la única comida del día. Una noche nos despertó un grito desgarrador. Todo el callejón fue presa de cierta agitación. La mujer, enloquecida y desesperada, corría en circulos: unos ladrones le habían robado la olla: había perdido su único medio de vida.
...
Hay muchas personas en mi callejón que no poseen más que una sola cosa. Éste tiene una camisa, aquel una panga(machete en Swahili)y el de más allá, sin que se sepa de dónde lo ha sacado, un pico. El que tiene una camisa puede buscar trabajo de vigilante nocturno (nadie emplearia a un vigilante semidesnudo), al que tiene una panga tal vez lo alquilen para cortar las malas hierbas, el del pico puede cavar una cuneta. Los demás no pueden poner a la venta sino sus meros músculos.
...
Se come todo lo que hay, hasta la última migaja; nadie almacena nada, ni siquiera tendría dónde guardar sus reservas ni cerrarlas bajo llave. Se vive al día, al momento, cada día es un obstaculo difícil de superar, la imaginación no sobrepasa las veinticuatro horas, no se hacen planes ni se acarician sueños.
...
Todo lo que hay en su vida es provisional, inestable y frágil. Lo hay y no lo hay. Incluso cuando lo hay, ¿por cuánto tiempo? Esta inseguridad sempiterna hace que los vecinos de mi callejón vivan en un estado de amenaza constante y con un miedo que nunca amaina. Han dejado la pobreza del campo y han venido a la ciudad con la esperanza de una vida mejor.
...
A menudo, ni siquiera entienden la lengua que oyen hablar en la calle, no saben como preguntar y enterarse de cosas. El indomable elemento de la ciudad los ha absorbido, se ha convertido en su único mundo; ya al día siguiente no sabían como salir de ella.
...
Un día tuve una visita. Era un hombre de mediana edad, ataviado con un traje musulmán de color blanco. Se llamaba Suleimán y procedia del norte de Nigeria... Al cabo de varios días volvió. Esta vez sí se sentó. Le preparé un té. Nos pusimos ha hablar. Le confesé que no paraban de robarme. Suleimán lo consideró como una cosa del todo natural. El robo era una forma -cierto que desagradable- de nivelar las desigualdades. Estaba muy bien que me robasen, dijo, aquello inclusoera un gesto de amistad por parte de lso ladrones. De esta manera me daban a entender que les resultaba útil y me aceptaban, Por consiguiente, podía sentirme seguro. ¿Acaso me había sentido amenazado en alguna ocasión? Reconocí que no. ¡Pues eso! Estaría seguro todo el tiempo que les permitiese robarme impunemente. En el momento en que avisase a la policía y ésta empezase a perseguirlos, más me valia marcharme.
Al cabo de una semana, volvió a visitarme. Se tomó un té y luego dijo con voz misteriosa que me llevaria al Jankara Market y que allí haríamos una compra necesaria. El Jankara Market es un mercado donde brujos, herbolarios, adivinos y encantadores venden toda clase de amuletos, talismanes, varitas mágicas y medicinas milagrosas. Suleimán iba de una parada a otra, mirando y preguntando. Finalmente, me hizo comprarle a una mujer un manojo de plumas de gallo blanco. Eran caras pero no opuse resistencia. Regresamos al callejón. Suleimán compuso las plumas, las rodeó con un hilo y las ató al travesaño superior del marco de la puerta.
Desde aquel momento, nunca más desaparecio nada del piso.
...
Enlaces :



















0 Comentarios :
Publicar un comentario en la entrada
<< Home