La esclavitud de las mujeres envenena la historia de la humanidad desde los tiempos más remotos. Mucho más dolorosa que la de los hombres, plantea a la vez el problema del trabajo forzado y el de la explotación sexual. La tragedia repite el horror de los cuerpos martirizados, de las vidas sacrificadas al capricho de individuos que se arrogan el privilegio de disponer de los demás, con la sola justificación del derecho del que ha pagado. Esta denegación de humanidad, antaño codificada y reconocida como perfectamente legal, ha desaparecido actualmente de los distintos códigos legales. El crimen ya no es perseguible por los tribunales. Se creyó que su desaparición progresiva en el curso de la primera mitad del siglo XX no justificaba ya su reconocimiento. La declaración de los Derechos Humanos de 1947 parecía haber enterrado la existencia de la esclavitud, y la opinión internacional, sólidamente aferrada a la oleada democrática que parecía que fuese a invadir el planeta, no se inquietaba por su posible resurgir. Por eso el despertar sacude dolorosamente a las conciencias por su brutalidad. Es preciso rendirse a la evidencia. Los medios de comunicación y la circulación de la información contribuyen a una renovación de las deportaciones y a modalidades de esclavitud de nuevo cuño. De entrada, las víctimas consienten en ello, atraídas por promesas falaces. A continuación el silencio y a veces la complicidad de las autoridades o de los gobiernos autorizan cualquier abuso, hasta el punto que se repiten los crímenes que jalonaron la historia hasta el final del siglo XVIII. ¿Qué amplitud debe concederse a este renacimiento esclavista? En ausencia de una clara definición jurídica, y habida cuenta de la clandestinidad que lo rodea, es difícil cifrarlo. Pero parece más que inquietante el hecho de que el número de los vuelos charter de trabajadores clandestinos aumente de día en día, que en determinadas regiones los conflictos autorizen a capturas y ventas de individuos, que los empleos clandestinos domésticos o en talleres encierren, sin documentos de identidad, a un número de personas indeterminado, y ello en el corazón de las naciones más democráticas del planeta. Aunque resulta imposible aventurar ninguna estadística, se hace urgente legislar y emprender controles muy severos sobre un drama que parece aún reprimible, pero que pronto no lo será ya si se sigue dejando desarrollar unas redes y unas costumbres que se filtran en el corazón de la vida económica y política sin encontrar el menor obstáculo. Esta lucha pasa por una toma de conciencia del fenómeno que, a partir de un muy amplio consenso, movilice las voluntades políticas, las únicas capaces de poner freno a este drama incompatible con el ideal de libertad y de democracia deseable para el siglo XXI.
Texto extraido de la conclusión del libro : Mujeres Esclavas de todos los tiempos de Jean-Michel Deveau ISBN 84-270-2741-9 de Ediciones Martinez Roca (2001)
Enlaces interesantes
Anti-slavery Una página en inglés que lucha contra el esclavismo en los dias de hoy, tambien tiene textos en castellano.