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Dormir poco, fomenta la sensación de soledad

dormir poco – Pixabay

Después de una noche de insomnio, las personas suelen replegarse y sentirse solas, lo que a su vez las hace parecer menos atractivas. Incluso los individuos que han dormido suficiente se sienten más solos por el simple hecho de ver a una persona que ha trasnochado.

«Cuando menos dormimos menos queremos interactuar con los demás;  por el contrario, rehuimos de la vida social, lo cual potencia las consecuencias interpersonales que provoca la falta de sueño»

Matthew Walker

La falta de sueño, el contagio social y el círculo vicioso resultante podrían ser la causa del sentimiento de soledad cada vez más común en nuestras sociedades, apuntan los científicos.

 

Nature Communications

La sensación de soledad o aislamiento acorta la vida incluso más que la obesidad grave.

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La atención continua es una ilusión

Atención, Pixabay

… la atención continua es una ilusión, la atención se activa y desactiva  4 veces por segundo: cada 250 milisegundos nuestra percepción oscila entre la concentración máxima y una consciencia situacional más amplia.

Este ritmo viene determinado por las ondas cerebrales theta… hasta ahora se relacionaban , sobre todo, con la somnolencia y las fases menos profundas del sueño. Pero también modulan nuestro grado de atención

«Nuestra aprehensión subjetiva del mundo visual es una ilusión»

…la atención es como un faro que se apaga y se enciende cada 250 milisegundos.

Fuente: Neuron

Las ondas Theta son oscilaciones electromagnéticas en el rango de frecuencias de 3.5 y 7.5 Hz que se detectan en el cerebro humano a través de un electroencefalograma. Fuente Wikipedia

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Como tomar decisiones

En mi opinión, que es universal en este caso, todos los días tomamos cientos de decisiones aunque no seamos muy conscientes de ello. Desde las más simples y cotidianas –tanto que ni nos damos cuenta de que son una decisión-, como decidir el desayuno, la ropa que nos vamos a poner o qué canal de televisión ver, hasta las más responsables y decisivas, que, muy a menudo, aplazamos una y otra vez.

A veces las aplazamos tanto que para cuando vamos a tomarlas, ya es tarde. En algunos casos no tomamos la decisión porque no estamos seguros de que vayamos a hacerlo de un modo acertado, y preferimos dejar la responsabilidad a los otros, o al destino, porque de ese modo, ya tenemos a quien dar la culpa, si el resultado no es el mejor.

A todos nos resulta más fácil ver las soluciones a los problemas de los demás que a los nuestros propios, y eso es debido a que en las decisiones en las que estamos involucrados nosotros, como están en juego nuestra economía, nuestra estabilidad emocional, o nuestros sentimientos, estamos absolutamente condicionados por el hecho de que no queremos salir perjudicados con la decisión que tomemos. Con la agravante de que no nos perdonamos los errores.

Si tomamos la decisión incorrecta, después tenemos que aguantar los propios reproches continuos –cuando no algún autocastigo más grave- y nos miramos con mala cara cuando nos encontramos en el espejo.

La vida entera es una continua sucesión de decisiones.
Cuando sólo hay una opción de elección, entonces la decisión ya está tomada, pero en muchas ocasiones hay varias opciones y entonces, desconectados de nuestro centro, o porque no nos conocemos realmente, o porque no tenemos suficiente información, acabamos por no saber qué es lo que de verdad queremos o lo que nos conviene.

Decidir siempre implica quedarse con una cosa y descartar las demás. Renunciar a las demás. Ahí está el problema. Hay muchas cosas que no queremos perder, pero… no nos podemos quedar con todas. Y una vez que se ha hecho la elección ya no sirve de nada estar lamentándose o haciéndose reproches.

La dificultad de elegir está muy condicionada por el miedo a equivocarnos, o ser rechazados o reprendidos. Para hacerlo bien, es imprescindible tener una autoestima bastante asentada, de modo que sea cual sea la decisión tomada, y sea cual sea el resultado de ella, no acabemos culpabilizándonos y penalizándonos por ello.

Como ya sabemos, los errores –que no deberíamos llamarles errores sino “experiencias cuyo resultado no fue el esperado”, aunque sea más largo- siempre tienen, por lo menos, un lado positivo, una lección, y en el caso de las decisiones cuyo resultado no fue el esperado, nos sirve para no hacerlo de ese modo la próxima vez que se presente una situación similar.

Nuestras elecciones no siempre las tomamos mirando nuestros intereses, sino que, a veces, nos importa más la opinión de los demás, y su aprobación, y por eso no las hacemos estando de acuerdo con nosotros mismos, sino mirando hacer lo que se espera de nosotros.

Esto también lo hacen los que no confían en sí mismos y creen que los demás saben más, y estarán más acertados, aunque en este caso también se vuelve a repetir, de un modo inconsciente, el hecho de dejar que sea otro quien tome la decisión y, de ese modo, si no es acertada pueden eludir la responsabilidad culpabilizando a quien tomó la decisión. “Él se equivocó, y no yo”, pensarán, y aunque diga con la boca pequeña que no volverá a hacer caso a los demás, lo hará nuevamente, porque en el fondo le resulta mejor hacerlo de este modo que tomar sus propias decisiones.

En lo que hay que pensar es que tenemos que usar nuestro derecho a elegir por nosotros mismos. El miedo a decepcionar a los demás o a perder su estima nos puede llevar a escoger buscando su aprobación en vez de actuar conforme a nuestros propios deseos y defendiendo nuestros derechos.

Al tomar decisiones, uno debiera escuchar qué opina su interior, si uno se siente bien con ella, y si es la que realmente desea, sin importarle otras opiniones, aunque no negándose a escucharlas por si le pueden confirmar la que está tomada o mostrarle algo en lo que no había reparado.
Pedir y escuchar muchas opiniones -salvo que coincidan exactamente entre ellas, que no es lo habitual-, es poco recomendable, porque lo más normal es que uno se encontrará más confundido al ver más opciones. Es mejor escuchar lo que dice quien nos ha demostrado tener un criterio fundamentado y capacidad de discernimiento. Ser lo suficientemente flexible como para escuchar otros puntos de vista, pero no tan voluble como para dejarse arrastrar por cada opinión nueva.

Está bien escuchar a los otros, pero lo que hay que hacer es sólo escucharlos, volver a las ideas propias, retomarlas, y confrontarlas con las ajenas. A veces, no querer escuchar a los demás puede hacernos caer en un egocentrismo en el que uno se considera el único inteligente, iluminado, y eso puede ser una incorrección. El apego a las propias creencias dificulta la visión de otras verdades. Si uno descubre estar equivocado, sería una estupidez seguir insistiendo en la misma idea o postura.

Las decisiones importantes han de ser tomadas de un modo muy sereno, dedicándoles el tiempo necesario –pero sin aplazarlas – hasta encontrar aquella que cumpla la mayoría de nuestras expectativas o el total de ellas. Para ello es conveniente, además de dedicarle tiempo, encontrar la calma y el amor interior. Amor y respeto hacia nosotros mismos y nuestras decisiones. Así es el primer paso. La calma y el amor nos ayudan a confiar en nuestra capacidad de elección.

Cuando se toma una decisión no hay que tener miedo a equivocarse; la posibilidad de equivocación va implícita en cualquier decisión, es un riesgo a asumir, y, por eso mismo, si sucede de ese modo hay que responsabilizarse de ello y aceptarlo. Siempre es mejor que quedarse paralizado por el miedo.

A veces, y sin saber por qué, sin poder explicar racionalmente por qué, se siente un impulso que apunta hacia una de las opciones. Eso es la intuición. Cuando no tengas claridad mental para resolver, confía en tu intuición. Sigue tu instinto. Confía en esa inteligencia irracional que tal vez puede analizar las situaciones de forma rápida, y, aunque no es eficaz en el cien por cien de las ocasiones –como tampoco lo es tu mente- por lo menos te evita dar los mil rodeos que das y ser resolutivo cuando hace falta.

La intuición, está demostrado, es otra forma de inteligencia, y actúa sin analizar la totalidad de la información disponible y eso, en muchos casos, es mejor porque el exceso de información conduce, a veces, hacia la confusión. En vez de analizar todos los pros y los contras, considera sólo la información relevante y desecha el resto.
Aunque no lo sabemos, muy a menudo lo que hace nuestra intuición es mostrarnos la respuesta y entonces nuestra mente, inmediatamente, se pone a la tarea de buscar los argumentos para justificar esa decisión de un modo racional. Acabamos creyendo que ha sido obra de la mente, y nos quedamos más tranquilos.

Se dice que la intuición es la parte de nuestro ser que nos dice lo que deseamos hacer. Confiar en la intuición supone enfrentarse a la mente. La intuición es muy rápida, tarda una milésima de segundo en dar su veredicto, porque no tiene que perder tiempo en razonarlo. La mente es un poquito más lenta, porque tiene que elaborar la respuesta que considera adecuada, y ratificarla, y para eso tiene que entretenerse en descartar un montón de posibles respuestas.
La mente, reina indiscutible de todas las decisiones durante toda nuestra vida, no quiere perder su hegemonía a manos de algo que actúa de un modo inconsciente, de modo que es muy posible que se ponga a rebatir las opiniones de la intuición. Le dirá que no puede ser tan fácil tomar una decisión, que hay que meditarlo largamente, que hay que valorar lo que está a favor y en contra, que hay que verificarlo todo para que no se olvide tener en cuenta ninguna de las variables posibles, que las cosas no se pueden solventar a la ligera, ni las decisiones se toman alegremente.

La intuición no tiene miedos pero la mente sí. Si has de tomar una decisión urgente, confía plenamente en tu corazón y en tu intuición, que te dirán lo mismo.

Hay un error bastante común a la hora de ponerse a tomar una decisión y es la de comenzar la tarea cuando ya se tiene una idea predeterminada, y en realidad no buscamos otra opción, sino que buscamos la justificación a lo que ya tenemos casi decidido. Esto, si se hace sabiendo lo que se hace y buscando la confirmación a lo que creemos adecuado, no es malo; lo malo es no darse cuenta de ello y arrastrarnos en el error, porque estamos descartando el resto de las opciones, entre las que se podría encontrar la adecuada.

Y ya una vez tomada la decisión, no ha terminado todo, sino que comienza otra parte que también puede ser complicada, y es llevar a la práctica la decisión tomada.
Para que sea más fácil, es bueno recordar los motivos que nos llevaron a tomar esa precisamente, y no dejarse dominar por el miedo a haberse equivocado.

Fuente : http://buscandome.es/index.php?page=59

 

San Francisco de Sales

 (SalesSaboya21 de agosto de 1567 – Lyon28 de diciembre de 1622) fue un santo y obispo de Ginebra. Tiene el título de Doctor de la Iglesia, y también patrono de los escritores y periodistas. Nació en el Castillo de Sales, de familia noble; desde pequeño fue un gran seguidor de san Francisco de Asís; sus padres fueron Francisco de Sales de Boisy y Francisca de Sionnaz. A los 13 años viajó a París para estudiar con los jesuitas. Después estudió Derecho y Teología, primero en la Universidad de París y después en la de Padua. Su formación fue muy esmerada; en París hizo los estudios superiores, dedicándose también a la teología; y en la Universidad de Padua, los estudios de derecho, como deseaba su padre, que concluyó de forma brillante con el doctorado en derecho canónico y derecho civil.

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El cerebro, ¿quién tiene el control?

Cosas que hacemos sin pensar.

Cotidianamente, a cada instante realizamos tareas, acciones sin pensarlas. Nuestro inconsciente controla muchos de nuestros actos  en milésimas de segundo sin que tengamos tiempo de pensar si eso lo queríamos o no hacer.

En nuestro cerebro se realizan cálculos constantemente para que nuestro cuerpo tenga movimientos coordinados. Millones de conexiones en nuestro cerebelo no dejan de trabajar.

Se realizan tantas cosas en nuestro cerebro que en muchos momentos dejamos de pensar en lo que ahí se realiza, sencillamente lo dejamos fluir a su aire. Hasta ahora no hemos sido capaces de construir una máquina que realice los innumerables cálculos y proezas que constantemente desarrolla.

Nuestro cerebro repitiendo tareas que pueden ser muy complejas puede llegar a construir circuitos específicos,que le van a permitir realizar en un futuro esa misma difícil tarea  sin esfuerzo y apenas consumo de energía . Mientras que la persona que se enfrente  a esa misma tarea por primera vez, tendrá que poner a trabajar numerosos recursos de su cerebro, con su consiguiente consumo de energía y tiempo. Lo que sucede con todas estas habilidades que aprende nuestro cerebro grabándolas en u circuito es que acabamos por perder el control de como las realizamos, las hacemos con el piloto automático.

Nuestro cerebro requiere una energía equivalente de una bombilla de 60 W.

Nuestro cerebro consciente puede decir blanco, pero puede que nuestro inconsciente diga negro sin nosotros saberlo y así acaba siendo negro, por mucho que nuestro consciente diga blanco.

Las personas que sufren de sonambulismo pueden ser gobernadas por su subconsciente hasta cometer crímenes sin ser conscientes.

En nuestra biografía nuestro cerebro ha ido grabando circuitos en el subconsciente que a la fuerza junto a nuestro código genético va a condicionar nuestro presente y futuro.

Austin Naber

Dean Potter

Estado de flujo, la zona

El flujo también conocido como «la zona» es el estado mental operativo en el cual una persona está completamente inmersa en la actividad que ejecuta. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. Esta sensación se experimenta mientras la actividad está en curso. El concepto de flujo fue propuesto por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975 y a partir de entonces se ha difundido extensamente en diferentes campos. Fuente: Wikipedia

Libre albedrío o libre elección

El libre albedrío (de la deformación vulgar del vocablo latino arbitrium,1​ a su vez de arbiter, ‘juez’2​) o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas según las cuales las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. Fuente: Wikipedia

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Creer, crear, lograr. Àlex Rovira

Dick y Rick Hoyt

En la conferencia de Àlex Rovira se habla de esta pareja de padre e hijo.

Eric Berne

Eric Berne nació el 10 mayo de 1910 en la Ciudad de Montreal, Canadá, donde en 1935 obtuvo el título de medicina y cirugía. Posteriormente se trasladó a los Estados Unidos donde en 1938 se tituló en psiquiatría en Yale. En este país ejerció como psiquiatra, creó un sistema llamado el Análisis Transaccional (AT), el cual definió como «una teoría de la personalidad y de la acción social y un método clínico de psicoterapia basado en el análisis de todas las transacciones posibles entre dos o más personas, sobre la base de estados del yo específicamente definidos”.1​ Fuente: Wikipedia

Viktor Emil Frankl 

(VienaAustria26 de marzo de 19052 de septiembre de 1997), conocido como Viktor Frankl, fue un NeurólogoPsiquiatra y FilósofoAustríaco, fundador de la Logoterapia y Análisis Existencial. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia, escribió el libro Best Seller El hombre en busca de sentido. Fuente : Wikipedia

Aikido

El aikido en japonés合気道、合氣道 (“el camino de la energía y la armonía”), es un gendai budō o arte marcial tradicional moderno del Japón. Fue desarrollado inicialmente por el maestro Morihei Ueshiba (1883-1969), aproximadamente entre los años de 1930 y 1960.1​ A partir de varios estilos de artes marciales clásicas y tradicionales del Japón, con armas, y de lucha cuerpo a cuerpo.

La característica fundamental del aikido es la búsqueda de la neutralización del contrario en situaciones de conflicto, dando lugar a la derrota del adversario sin dañarle, en lugar de destruirlo o humillarlo.

El aikido, al estar bajo la influencia del sintoísmo, y en menor medida por el budismo zen, busca formar a sus practicantes como promotores de la paz.

Roger Gilbert Bannister

En 1950 logró una medalla de bronce en los 800 metros de los Campeonatos de Europa disputados en Bruselas. Dos años más tarde participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, donde estuvo cerca de lograr una medalla, finalizando 4º en los 1500 metros con 3:46,0.

Su hazaña más importante y por la que es más conocido la realizó el 6 de mayo de 1954 en el transcurso de un encuentro atlético que tuvo lugar en las pistas de Iffley Road en Oxford ante 3000 espectadores. Bannister logró la victoria en la milla con un tiempo de 3:59,4 siendo el primer hombre en la historia en bajar de los 4 minutos. Fuente: Wikipedia

Martin Seligman

Martin Seligman (n. 12 de agosto de 1942) es un psicólogo y escritor estadounidense. Se le conoce principalmente por sus experimentos sobre la indefensión aprendida (learned helplessness) y su relación con la depresión. En los últimos años se le conoce igualmente por su trabajo e influencia en el campo de la psicología positiva.1  Fuente: Wikipedia

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No mates el Ego

“El deseo de deshacerse del ego es muy diferente del proceso de dejar de identificarse con la ilusión socialmente condicionada de un yo egoísta…. Lo primero implica una batalla: el ego al tratar de matar al ego, al luchar contra el ego… el ego gana! Lo segundo implica soltar la ilusión de control; es el fin de la lucha, y el medio hacia ese fin es la conciencia”.
Cheri Huber


En la idea de matar el ego, ¿quién mata a quién? ¿quién vence? ¿quién muere? ¿qué parte de uno es la que se quiere deshacer de otra parte? ¿Cuál es su motivación? Como señala la maestra zen Cheri Huber, hay dos cosas que podemos dar por seguras respecto al egocentrismo:

  • Es un proceso muy astuto
  • Su mayor función es sobrevivir.

“El ego tomará cualquier cosa -CUALQUIERA- y la usará para sus propósitos, incluso la noción de matarse/disolverse/trascenderse/auto-aceptarse. Puedes ver el riesgo, espiritualmente hablando, de malinterpretar el ‘matar el ego’”.

Complementario al riesgo de declarar una guerra interna, la metáfora de matar al ego trae consigo el problema de no apoyar la configuración y el establecimiento de un ego sano, lo cual es muy importante para ‘funcionar’ en el mundo, y también de reproducir dinámicas relacionales destructivas, particularmente en el contexto de grupos religiosos o espirituales.

Seres humanos como la Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Luther King Jr., Aung San Suu Kyi, Jesús, Buddha, entre otros, no se han caracterizado precisamente por tener un ego débil o muerto. Al contrario, sus personalidades han sido complejas y ricas, su voz única, y su presencia en el mundo llena de su propio estilo. Su aporte vino no de deshacerse del ego, sino de utilizarlo para el bien de todos, dejando de identificarse con él como algo que está separado de todo lo demás.

Se necesita de un ego potente para expulsar a los mercaderes de la entrada de los templos… El ego, según el maestro zen y filósofo David Loy, es como un balde que creemos que tiene un fondo, y nos pasamos la vida tratando de llenar el balde de lo que queremos y sacando del balde lo que no queremos. Según Loy, el ego es efectivamente como un balde, pero un balde sin fondo, a través del cual la vida en toda su riqueza y complejidad emerge de abajo hacia arriba, ocupando la forma particular de ese balde para tomar forma. Cada uno es una forma específica, única, e irrepetible que la vida tiene de manifestarse. El problema no es la forma del balde, el problema es que creemos que tiene fondo; el problema no es el ego, el problema es que creemos que estamos separados. La practica sugerida En el ámbito de las relaciones interpersonales, practica tomar las cosas un poco menos personalmente, y dando el beneficio de la duda en vez de atribuir de inmediato una mala intención a las acciones de los otros. La idea básica es dejar de luchar contra el ego, y más bien usar la metáfora de quitarle la energía a la sobre-identificación con el ego, creando un espacio donde los hábitos egoístas se disuelvan como pompas de jabón en el vasto espacio, o como una cucharada de sal en medio de un lago.

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Sonidos sin palabras

En inglés llaman «vocal burst» a aquellas expresiones que vocalizamos cuando nos sorprende algo, nos da miedo, nos excita, nos alegra,… y no hay una palabra detrás de esa vocalización
Investigadores de la Universidad de California, Berkeley han grabado y han hecho un mapa de un gran número de estas expresiones,.

Para empezar pidieron a 56 personas, algunos actores profesionales otros no, que reaccionaran frente a diferentes escenarios emocionales. A partir de esas reacciones el equipo llego a grabar más de 2.000 «vocal bursts«. Luego emplearon el  Amazon Mechanical Turk para encontrar 1.000 personas que validaran positivamente o negativamente los sonidos grabados 

Al principio partían de la idea que había hasta 13 emociones que se podían expresar con sonidos pero al final del estudio llegaron a la conclusión de que hay hasta 24 emociones que de alguna manera se pueden mostrar con sonidos sin palabras. Nuestra voz puede representar más emociones de lo que podríamos pensar a primera vista.

Aparte del estudio el equipo realizo un mapa interactivo por el que si pasamos el ratón podemos ir oyendo los diferentes sonidos. 

El estudio se ha realizado con angloparlantes, si se recurre a gente con otra lengua materna seguro que variarían estos sonidos.

 

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‘Lo que cura es el afecto: no hay terapia sin simpatía’

Thomas Emmenegger,

Psiquiatra y emprendedor social

Origen: ‘Lo que cura es el afecto: no hay terapia sin simpatía’

El fármaco es una muleta que ayuda a contener los síntomas pero no cura. Lo que cura es la relación y el afecto. No hay terapia sin simpatía.


200 Tareas en terapia breve

200 tareas en terapia breve es una «caja de herramientas» que pone a disposición de los psicoterapeutas de cualquier orientación un arsenal de recursos técnicos y las claves prácticas para aplicarlos con éxito ya sea en familias, parejas o individuos. 

Cada una de las tareas se presenta en forma de ficha, encabezada por una serie de símbolos que informan rápidamente de sus características fundamentales. Además, se discuten sus indicaciones y contraindicaciones, qué tener en cuenta a la hora de utilizarla y sus posibles variantes. Aunque la mayoría de las tareas descritas en este libro se inscriben en la tradición sistémica, estratégica y centrada en soluciones, se adaptan también ejercicios procedentes de la hipnosis, la terapia cognitivo-conductual y la Psicología Positiva.